Formulados los cuatro aspectos sobre los que se apoya la acción estratégica, puede vislumbrarse que la analogía entre estrategia y diseño, intuida al principio de esta indagación, puede ser considerada real. Los dos operan de manera análoga. Es común a. ambos el hecho de que, cuando intervienen para resolver un problema, se encuentran siempre ante una situación dada, de mayor o menor complejidad o peligro: en el caso del estratega, una situación geográfica, un ejército propio y un ejército adversario, unas armas, unas formas de combatir; en el caso del diseñador, un mercado, un cliente/empresa, un público, la competencia (el "adversario"), un repertorio de medios. A ambos les concierne la necesidad de disponer de toda la información posible acerca de la naturaleza del problema a resolver, que les permita formular el designio a realizar y configurar un proyecto. Y es propio al modo de pensar de ambos el hecho que interconectan estratégicamente los cuatro pasos entre sí para lograr la consecución de su designio con el mínimo esfuerzo posible.
Esta perspectiva sobre la relación diseño-estrategia permite formular que es diseñador-estratega todo aquél que, con independencia de la clase de designio que desea realizar, sigue un proceso de pensamiento orientado a configurar un proyecto que, valiéndose de los medios disponibles y adecuados, hace realizable dicho designio.
Para concluir, conviene considerar todavía lo que esta relación diseño-estrategia significa más específicamente para el diseño, entendido como la actividad que configura los objetos de uso cotidiano.
A esta actividad creativa le es propio, como diría Heidegger "hacer venir a presencia una cosa desde la no-presencia". En el acto de diseñar, el objeto queda efectivamente concretado, "hecho presente", mediante la representación. En ella toma cuerpo, se hace visible y se define como fi gura, quedando de este modo configurada su identidad.
En el proceso de proyectación, el objeto - su fi gura - se suele percibir ante todo como aisthysis. Esta palabra griega, se traduce habitualmente por estética, que el diccionario define como: "Ciencia que trata de la belleza y de la teoría del arte". La estética, entendida así, como belleza, suele ser el criterio predominante en todas las decisiones tomadas a lo largo de la realización de un proyecto de diseño. Sin embargo, etimológicamente, la palabra aisthysis significa en sus raíces "susceptible de ser percibido por los sentidos. Pzercepción, sensación, conocimiento, comprensión". La aisthysis sería, por consiguiente, la facultad que hace posible que el ser humano perciba siquiera, con todos sus sentidos (no sólo la vista), el entorno como mundo y que esta percepción es para él al mismo tiempo conocimiento y comprensión de este mundo. Es un aprehender lo real, en toda su infinita variedad, que
es muy anterior al dividido aprehender "estético", que discrimina esta realidad en bella y no bella. Esta palabra ha sufrido, por tanto, un cambio de sentido al exclusivizarla a la mera noción de estética entendida como belleza. De la palabra estética, por cierto, deriva la de anestesia: el estado de inconsciencia en que se halla una persona en un quirófano. Padece la falta de aisthysis: de la facultad de percepción, de conocimiento. Las significaciones etimológicas de las raíces de la palabra "estética", no hacen ninguna referencia a "belleza".
Para esto el griego dice kalós: bello, noble, bueno. Aisthysis, en alemán, es Wahrnehmung percepción, conocimiento.
Sin embargo, es una palabra compuesta por wahr-, verdadero, y -nehmen, tomar, con lo que podría decirse que la estética es conocimiento obtenido por el tomar-ver-dad-en-el-ver.
Entonces, cuando un objeto se nos aparece en su aisthysis, no nos revela su belleza sino su "verdad" a través de su fi gura, de su concreto ser así.
Si nos atenemos a las significaciones originarias de la palabra, entonces todo diseño debería cumplir esta consigna: él, en toda su entidad debe ser susceptible de ser percibido y que esta percepción produzca en el que percibe conocimiento y comprensión del mismo.
Cuando un diseño es un objeto de uso, se le exigirá, además, eficacia en su deber ser usable. |